Cinco días recorriendo Chiloé en coche

Desde nuestra llegada a Chile, uno de los lugares que nos despertó mucho la curiosidad fue el archipiélago de Chiloé. Ubicado en el sur chileno, Chiloé, llamado “nueva Galicia” por los colonos, es la tierra del Trauco, de las brujas y de muchos seres mitológicos que habitan sus verdes bosques. También, es la tierra de los chilotes, en su mayoría pescadores y agricultores, gente trabajadora, humilde y hospitalaria.

Debido a que es un lugar remoto y no muy habitado, el transporte público no llega a todos los lugares y la gente local se desplaza en distancias cortas, por lo que moverse a dedo o en bus la temporada de invierno es complicado. Tras haber hablado con muchos viajeros y gente chilena, todos coincidían en que, si uno quiere escapar de los lugares más turísticos de la isla, alquilar un coche es la mejor opción.

Después de miles de km a dedo , voluntariados, couchsurfing, vender muchas muchas fotos y hasta vender tortilla de papas, conseguimos juntar el dinero suficiente para alquilar un coche y poder recorrer en cinco días la Isla de Chiloé!!Fue hermoso volver a sentirnos como en nuestros viajes en coche, cantando, contemplando el paisaje…y con la libertad de poder ir a cualquier lugar en cualquier momento!



Pero el dinero que conseguimos ahorrar fue suficiente para rentar el vehículo y poco más, así que el coche se convirtió también en nuestro hogar durante cinco días y las plazas en nuestro restaurante favorito!




Nuestro itinerario de cinco días recorriendo Chiloé en coche:

Día 1:

Recogimos nuestro coche en el aeropuerto de Puerto Montt. Desde ahí nos dirigimos a Pargua para subirnos en la barcaza que va Chiloé. Un trayecto de medía hora aproximadamente, que para el que va sin vehículo es gratis, el que va en bus está incluido en el billete, y el que va en coche paga 12.000 chilenos (unos 16 euros) por vehículo. El barco llega a Chacao y desde ahí nos dirigimos a Ancud. Paseamos por el mercado, por su feria de artesanías típicas, visitamos el museo etnográfico (visita obligatoria!) y el fuerte San Antonio.

Desde aquí, continuamos hacía la peninsula de Lacuy, para visitar las playas de Quetalmahue, el faro de Punta Corona y bajar hacía las pinguineras de Puñihuil. El costo de la visita a las pinguineras es un poco elevado, 7.000 pesos chilenos por persona (unos 9 euros), pero sin duda, poder ver a los pinguínos en su habitat mereció mucho la pena!



Seguimos hacía el sur para disfrutar el atardecer en Chepu, un lugar único donde, por consecuencia de un terremoto, el bosque se hundió y las aguas del río cubrieron los árboles. Hay la posibilidad de alquilar kayaks para pasear por el río y poder ver los árboles debajo de uno mientras va remando!!Pero nuestro presupuesto no nos lo permitió.



Ya de noche, fuimos a Quemchi, un pequeño pueblo pesquero, donde aparcamos el coche y nos pusimos a dormir.

Día 2:

Pronto por la mañana, el ruido de los pescadores nos despertó y nos dimos cuenta que el lugar donde habíamos dormido era el centro pesquero!!Paseamos por el mercado del puerto y desayunamos en una marquesina de buses para resguardarnos de la lluvia. El puerto del pueblo es una belleza!



Nos quedamos un buen rato observando los barquitos y los pescadores y continuamos hacía la “Isla de las almas navegantes”. Un sitio muy tétrico, al que se accede por una larga pasarela de madera. La isla es muy peculiar; en ella se encuentra un cementerio y una vieja iglesia de madera. Ambiente ideal para una película de terror!



De aquí, continuamos por la costa pasando por varios pueblitos hasta llegar a Dalcahue, desde donde se coge la barcaza para llegar a la Isla de Quimchao (pasaje 5.000 pesos por coche, personas gratis). Recorrimos la isla, pasando por Curaco de Velez, Anchao, Quinchao y Chequián.



Ya llegando la noche, nos montamos de nuevo en la barcaza para volver a Dalcahue y nos dirigimos a Rilán para pasar la noche en la playa.

Día 3:

Nos despertamos con el amanecer en la playa y decidimos bajar hasta el final de la isla y dejar Castro, la capital, para el último día. Seguimos la carretera 5 y pusimos rumbo a Quellón, lugar más al sur de la Isla Grande de Chiloé. La lluvia nos acompañaba durante todo el camino y entendimos la razón por la que llamaron el archipiélago “nueva Galicia”!

Desde el final de la isla, comenzamos a subir hacía Queilén, un lindo pueblo con playas increíbles. En el camino de vuelta, paramos en el lago Pio-Pio para ver el atardecer. Es maravilloso como se puede disfrutar de bosque, mar y lagos en un lugar tan pequeño!!

Ya oscureciendo, conducimos hacía la otra costa de la isla y llegamos a Cucao para pasar la noche.

Día 4:

Nos despertamos en Cucao, en pleno mar abierto, donde el océano pacifico golpea con fuerza contra la costa. La mañana es soleada y la lluvia nos da un respiro para poder pasear por el Parque Nacional de Chiloé. Una zona protegida, con lindas lagunas, bosques, oceano y pudús., una especie de ciervo pequeñito, tan tímido que no conseguimos ver!!



Tras pasar la mañana en el parque nacional, nos dimos una hermosa caminata de una hora para llegar al “muelle de las almas” una pasarela de madera en lo alto de un acantilado, desde donde se divisa la inmensidad del Pacífico.



Con las pilas cargadas y los pulmones llenos de aire puro, nos vamos a pasar la noche a Nercón, un pueblo con una de las iglesias más lindas de la isla.



Día 5:

Nos despertamos y empezamos el camino hacia la capital, Castro. Pese a que es una ciudad relativamente pequeña, nos tocó sufrir el atasco a la entrada… no todo iba a ser maravilloso!!

Ya en la ciudad, paramos para ver los palafitos, viejas casas coloridas construidas sobre el mar, que son patrimonio de la humanidad por la Unesco. Aparcamos y nos fuimos a dar un paseo por la plaza, visitamos la feria, llena de artesanía mapuche y comimos un rico pescado fresco en el mercado!!

Después de comer nos dimos un paseo hacia el coche y comenzamos a subir de vuelta a la península. Hicimos noche en un bosque cercano a Chacao, para volver a la mañana siguiente a P. Montt. Nuestra aventura por Chiloé llega a su fin!!

De los días que pasamos en el archipiélago, solo uno no llovió, pero de vez en cuando salía el sol!!Y aunque es bastante incomodo dormir tantas noches en un coche, la libertad de viajar en tu auto no tiene precio! Ya estamos soñando con una autocaravana!

Cinco días en Chiloé dan para mucho, pero aun así, ambos nos quedamos con ganas de más. Es sin duda un lugar con una mística y una energía muy particular que engancha. Recorrer sus bosques, contemplar los paisajes, pasear por sus pequeños puertos pesqueros, oler el mar…son sensaciones que conectan muy profundamente y que crean cierta “adicción”.

Eso sí, la pobre Peny ha cometido el error de enamorarse de un gallego alérgico al marisco, por lo que se va de Chiloé sin probar su gastronomía más típica!Tanto en la vieja Galicia como en la “nueva”, la griega se queda sin poder probar las delicias del mar!!!

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