San Agustín, sus mitos y su gente

Tras diez horas de viaje nocturno en bus desde Bogotá, llegamos a San Agustín, una población mística, en la zona del Alto Magdalena. Desde el caótico tráfico de la gran ciudad pasamos por serpenteantes carreteras interminables, rodeados de vegetación tropical, para desembargar en nuestro destino.

Al bajar del autobús, la gente local se agolpa al rededor de los viajeros para ofrecerles alojamiento, visitas guiadas, paseos a caballo…Nosotros nos dirigimos a la única oficina de turismo oficial que hay, en la casa de la cultura del pueblo, para localizar nuestro hostal y conseguir algún mapa.

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San Agustín es un misterioso pueblo, al sur de Colombia, en el departamento de Huila. Lo que hace este lugar enigmático es que, en medio de un paisaje natural alucinante, se sitúa uno de los mayores conjuntos de monumentos religiosos y esculturas megalítica de Sudamérica. Hace más de tres mil años, en la extensión del municipio de San Agustín, prosperó una civilización y nos dejó como herencia complejos funerarios, tumbas y seres de piedra, que probablemente representaban guerreros, chamanes y políticos. Pero, los más fascinante de estos seres místicos es que nadie sabe quienes eran sus escultores, como llegaron, como vivieron, como desaparecieron o qué exactamente representan sus figuras.

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Hoy, sus restos forman el parque arqueológico de San Agustín y los parques Alto de los Ídolos y Alto de las Piedras. Se pueden visitar con una entrada conjunta que cuesta 25.000 pesos y 10.000 para los estudiantes (8 y 3 euros aproximadamente) y además, por libre, se pueden contemplar otros monumentos a los alrededores del pueblo como la Chaquira y El Tablón. El 1995, todo el complejo arqueológico de San Agustín, fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y su necrópolis se considera la de mayor extensión a nivel mundial.

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A los dos nos encanta comprar y comer en los mercados gastronómicos. Nos parce que los alimentos son más naturales y frescos, probablemente recogidos hace solo unos días. Hacer la compra o saborear algo en sus puestos es mucho más agradable que comprar en las grandes cadenas de los supermercados, con sus pasillos impersonales. Además, comprando en los mercados y en los pequeños negocios se apoya la agricultura local y los micro productores. Al mismo tiempo, los mercados son organismos con vitalidad, llenos de movimiento, colores vivos, olores fuertes y voces. Preservan las señas de la identidad cultural del lugar y las costumbres culinarias.

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El mercado de San Agustín es hermoso y por unos 4.000 pesos (1,30 euros más o menos) puedes comer un plato con carne, arroz, aguacate y plátano frito, acompañado por un zumo natural. Conversamos un buen rato con sus campesinos y sus comerciantes sobre los productos de la zona y la vida en el pueblo. Su gente, alegre y acogedora, nos conquistó. Nos habló sobre sus vidas y sus tierras, la multiculturalidad de su población y sus seres de piedra. También nos expresaron su miedo de que el lugar empiece a perder su identidad, ya que cada vez más parcelas se venden a extranjeros seducidos por este místico lugar.

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Entre su gente, sus mitos y su alucinante entorno natural, nuestra estancia en el pueblo se nos pasó volando. San Agustín de Huila, es uno de estos lugares al que te gustaría volver y estar una buena temporada.

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