Samaipata, el Jardín atrapa

En un rincón de Bolivia, existe un lugar llamada Samaipata. Queda a unas tres horas de la ciudad de Santa Cruz, en una zona sub-tropical, rodeada de hermosos valles verdes. Samaipata es uno de estos lugares en los que los extranjeros piensan pasar unos días y al final de quedan varias semanas. Una especie de trampa en el tiempo viajero. Un pueblito donde hay casi más gringos que locales.

Nosotros pensábamos también pasar unos días por Samaipata, hacer varias caminatas por los entornos naturales de la zona, nadar en las cascadas, visitar los helechos gigantes y el parque Amboró y pronto continuar con nuestra ruta.

Llegamos un día especial, la víspera del Inti Raymi, la celebración Inca del solsticio de invierno, que coincide con el solsticio de verano en Europa. La celebración es como un festival con música, puestos de comida y de bebida… y, aunque se intenta promover la parte ceremonial del evento, no deja de ser como una fiesta más. Música, gente bebiendo, comiendo y bailando.

Pero mereció la pena pasar la noche en pie, con la mochila, para contemplar el primer rayo de sol del año nuevo Aimará. Una momento muy potente y emocional.

inti raymi

El día siguiente empezamos a trabajar en el Jardín, un hostal-camping, a cambio de poner la tienda de campaña y almorzar.

El lugar está completamente construido con adobe, barro, bambú, madera y vidrios de botellas recicladas. Y en un ambiente natural bello, acogedor y relajante.

casita del jardin

Por las mañanas nos despertábamos pronto pero con tranquilidad. Estirábamos, hacíamos un poco de yoga y preparábamos un rico desayuno. Luego, pasábamos el día en el Jardín. Un rato tumbados en las hamacas contemplando, otro sentados en el césped, compartiendo momentos y mates con otros “atrapados”. Al mediodía, almorzábamos con el dueño y su linda familia, escuchando anécdotas del cole de sus hijas. Comida riquísima! Después, trabajábamos cuatro horas. En bio-construcción, regando, recogiendo naranjas o en la recepción leyendo libros.

barro tal vez

bio-contrucción

Luego, una vuelta por el mercado, conversar con las señoras, comprar para cocinar la cena … y de vuelta al Jardín! Un poco en las hamacas, otro poco en la cocina, a veces una fogata, otras simplemente hablando… Pero, siempre con mates! Acompañados, como no, por Argentinos y Uruguayos.

Así pasamos más de dos semanas atrapados en el Jardín!

cocina del jardin

Un viaje largo, recorriendo medio continente, tiene muchas etapas. Por lo general, cambias de lugar muy rápido y cada día ves algo distinto y novedoso. Pero a veces simplemente te quedas en la hamaca y disfrutas el Jardín!

Puede que Samaipata no sea un lugar típico de Bolivia, ni el sitio adecuado para acercarse a la cultura y las costumbres del país, pero es un hermoso descanso viajero.

Nosotros no nos arrepentimos ni de un segundo de los que pasamos relajados en el Jardín! Fueron días de mucha paz. Además, tuvimos la oportunidad de conocer a otra bloguera viajera de Madrid que comparte sus vivencias en Viajes Terapéuticos y uno de los pocos blogueros de Bolivia, Gonzalo, que escribe en El Hado Propicio . También hicimos nuevos amigos como el che Agustín.

Es más, nos quedaremos otra semana en Samaipata! Pero esta vez haciendo voluntariado en un centro de rescate de perros.

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