En el hogar de los Otavalos

Después de casi cuatro horas de viaje desde Tulcán, la frontera ecuatoriana, y varios controles de la policía, llegamos a nuestro primer destino de Ecuador, Otavalo, “la cobija de todos”.

Otavalo nos recibió con calor y hospitalidad. Nada más bajar del bus sentimos la amabilidad y la cercanía de la gente que, con mucho gusto, nos ayudó llegar al centro de la ciudad y ubicarnos. Es una ciudad pequeña, fácil de recorrer a pie, segura, con mucha actividad y rodeada por una naturaleza volcánica impresionante. Está a 110 km de Quito, en la provincia de Imbabura.

arteurbano

El primer día, después de que encontrásemos un hostal baratito y chulo, nos dedicamos a nuestra actividad favorita; perdernos por las calles del lugar. Esta habitada mayoritariamente por la etnia indígena kichwa de los Otavalos, personas muy lindas que combinan sus tradiciones ancestrales y su forma de vivir con avances tecnológicos y costumbres modernas. Muchas de las mujeres, orgullosas de sus hermosos trajes tradicionales, los llevan puestos a diario. Los hombres, más sencillos, usan de su ropa tradicional solo un sobrero de paño y atan su largo cabello con una característica trenza.

marionetas otavalas

El día siguiente, nos despertamos muy pronto y acudimos a una de las costumbres más antiguas de los lugareños, el Mercado de Animales. Se trata de una tradición viva, donde los indígenas de la zona se dan cita todos los sábados para comprar y vender su ganado. Es una experiencia única y autentica, sin muchos turistas, pero para estómagos duros!

gallina

Impresionados de esta vivencia, bajamos al centro de la ciudad, donde nos esperaba un mercado de artesanías, el mercado de artesanía mas grande de Sudamérica, según los lugareños.

cuencos

La céntrica plaza de los ponchos y las calles que la rodean se llenan de colores y los Otavalos venden sus productos principalmente locales y también internacionales. Los productos representativos de la feria son los textiles, cobijas, ponchos, tejidos….pero hay productos de una gran variedad de materiales, madera, barro, cerámica etc. Aunque es una excelente expresión de arte y comercio, sentimos que, en ocasiones puede parecer más una atracción turística que una costumbre original. Principalmente por el comportamiento de los propios turistas y no tanto de los comerciantes.

mercado artesanía

Para comer, seguimos la ruta de los mercados y las costumbres de los Otavalos, y almorzamos en el mercado central, llamado 24 de Mayo. El recinto esta lleno de puestos de fruta, vegetales y carne y también hay una área de restaurantes donde se puede comer un plato de carne o pollo con arroz y ensalada por 1,25$

El día después, nos dirigimos hacia los entornos naturales que rodean la ciudad de Otavalo, con una caminata de más de tres horas por cultivos de maíz, bosque, lagunas y ríos de la zona. Comenzamos a caminar con destino al “Lechero”, un árbol sagrado que forma un mirador natural desde donde se puede contemplar la ciudad de Otavalo, la laguna de San Pablo, la montaña Fuya Fuya y los volcanes de Cotacachi e Imbabura.

el lechero

De camino, tuvimos nuestra primera experiencia con las tormentas ecuatorianas. Lecciones aprendidas: el sol engaña y siempre hay que llevar chubasquero y funda para la mochila!! Aun así, la lluvia nos regaló momentos mágicos y creativos en el medio de la naturaleza. Desde el Lechero, caminos hacia la cascada de Peguche, un lugar majestuoso, con mucha vegetación que, pese a ser turístico, no ha perdido su autenticidad.

En Otavalo nos sentimos acogidos, cómodos, tranquilos y seguros todo momento. Lo que hizo que, perderse en sus calles y sus bosques, fuesen momentos de libertad y paz. “Otavalo, la cobija de todos”, nunca mejor dicho.

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