En las minas de Potosí

En Potosí la plata levantó templos y palacios, monasterios y garitos, ofreció motivo a la tragedia y a la fiesta, derramó la sangre y el vino, encendió la codicia y desató el despilfarro y la aventura.

Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina

Potosí es una ciudad de contrastes. Calles coloniales con edificios señoriales que recuerdan los tiempos de abundancia de la plata, y barrios humildes donde vive la clase obrera. Reflejos del pasado y de la realidad actual.

Nosotros llegamos desde Sucre, con una combi que demoró tres horas, y tras caminar un rato encontramos un alojamiento, relativamente barato, para hospedarnos. Los hostales son un poco más caros en comparación con otras ciudades de Bolivia y acampar con el frío que hace no es la mejor opción. Aun así, todos los pesos bolivianos que pagamos de más merecieron la pena por disfrutar de la primera ducha de agua caliente de verdad de Bolivia!!

Teníamos mucha curiosidad de visitar Potosí por su historia, sus leyendas y por intentar entender la situación moderna de las minas del Cerro Rico, que abrieron sus puertas a los turistas.

El primer sitio que visitamos fue la Casa de la Moneda, uno de los lugares más emblemáticos de la cuidad. Aquí se fabricaron las monedas de la corona española durante la época colonial y, posteriormente, la moneda boliviana hasta la llegada del billete y de la moneda de níquel. El precio de la entrada es de 40 bolivianos (unos 5 euros) e incluye el guía que acompaña la visita y va explicando el proceso de fabricación de las monedas de plata, así como las condiciones en las que vivían los esclavos indígenas y africanos que trabajaban allí. Por suerte, nos tocó un guía entregado y muy educado, que respondió con gusto a todas nuestras preguntas.


Pero, sin duda, el principal reclamo turístico y centro de la actividad económica de la ciudad es la minería. El casco histórico esta lleno de agencias de turismo que ofrecen tours para visitar las minas de Cerro Rico. Nosotros éramos bastante reticentes a participar en este “circo de los horrores” en el cual turistas se disfrazan de mineros para ver como viven estas personas, trabajando en unas condiciones infrahumanas. A la vez, nos llamaba mucho la atención la minería y queríamos saber cómo ésta se había transformado en un atractivo turístico.


Tras consultar e informarnos mucho, encontramos una agencia formada por ex-mineros (Big Deal Tours) y decidimos bajar a las minas. Visitamos dos cooperativas y conversamos con sus trabajadores. Ver las condiciones en las que trabaja esa gente fue una cura de humildad increíble y sentir la alegría con la que afrontan su día día, una lección de vida.

Entre risas, bromas y charlas los mineros mascan coca y se preparan para dar inicio a su jornada. Sus herramientas son rudimentarias y casi todo su trabajo es manual. Condiciones de trabajo extremas que contrastan con el carácter alegre de los mineros.




Dentro de las minas encontramos también muchos jóvenes, que desde niños empiezan a entrar y a ayudar, ya que la ciudad no ofrece muchas más posibilidades de trabajo para ellos. Tuvimos también la posibilidad de hablar con una guarda boca, una mujer trabajadora, que con coraje sobrevive en un mundo bastante machista y alimenta sus hijos cuidando la entrada de la mina.


Pasamos una semana en Potosí, visitando la ciudad, hablando con su gente y trabajando en un proyecto documental al que daremos forma a nuestra vuelta. Aprendimos mucho y vivimos momentos muy duros y emocionales. Ahora toca seguir nuestro camino pero sin salir del frío! Ponemos rumbo a Uyuni para visitar el salar, sus lagunas y sus paisajes “marcianos”.

Ya os iremos contando como nos va!

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