Huacachina, un oasis en el desierto de Ica

Después de pasar unos días en la capital peruana nos dirigimos hacia el sur, con ganas de conocer el desierto.

A 4 km de la ciudad de Ica, en medio del desierto costero, se encuentra Huacachina, el oasis de sudamericana. Un lugar sacado de las historias de Aladino…pero en Perú!

Es un sitio de una belleza extraordinaria, con todo lo que uno se imagina de un oasis: una laguna de color esmeralda, palmeras y dunas de arena fina. Pese a estar muy muy explotado turisticamente, la construcción de los hoteles y restaurantes que acorralan el oasis está bien integrada con el medio y no le resta magia al lugar. Eso sí, nos pareció bastante caro.

“Huaca”, en quichua, significa llorar y “China” mujer. Así que Huacachina significa “Mujer que llora”. Su nombre se debe a la leyenda de una princesa llamada Huacay China que, después de casarse con su amor, éste tuvo que partir a la guerra en donde finalmente murió. La mujer, al enterarse de la triste noticia, entró en un profunda tristeza y fue a llorar la muerte de su amado a un campo de girasoles, el lugar donde se conocieron. Huacay China lloró día tras día hasta que poco a poco sus lágrimas comenzaron a dar forma a una pequeña laguna, el oasis de Huacachina.

el oasis de huacachina

El pueblito tiene apenas diez calles, rodeadas por dunas de ciento de metros de altura. En la década de los 40 era el más famoso y expulsivo balneario del país ya que sus aguas tenían propiedades medicinales. Hoy en día, es un oasis casi artificial, ya que sobrevive en el cada vez más árido y seco clima de la zona gracias a que sus habitantes bombean agua a menudo. Aun así es un sitio majestuoso que merece la pena visitar. Uno puede practicar sandboard, hacer un paseo en buggy por el desierto o vagar por su lindo malecón.

Pero para nosotros, lo más impresionante fue, sin duda, el propio desierto. La inmensidad del horizonte de arena. Subir, con dificultad, hasta lo alto de una duna y contemplar este arenal marrón, ondulante e infinito fue algo realmente sobrecogedor.

Escapando, como de costumbre, de los paquetes turísticos, comenzamos a caminar por el desierto por nuestra cuenta para ver la puesta del sol desde lo alto de una duna. La arena fina es una superficie muy difícil de caminar. A cada paso que das tus pies se hunden en suelo y avanzar se hace complicado. Anduvimos durante más de una hora y llegamos a la cima de una duna. Todo lo que nuestra vista alcanzaba en 360 grados a nuestro alrededor era arena y dunas. Alucinante, casi surreal! Una sensación de sentirse tan pequeño ante lo que nos rodeaba, similar a la que tiene que sentir un marinero en alta mar.

atardecer en las dunas

el desierto de Ica

Nos tumbamos y recuperamos el aliento. Era un paisaje solitario, muy distinto al concurrente oasis. El sol se ocultaba y las dunas cambiaban de colores. Un momento único Tras la puesta del sol, la temperatura bajó drásticamente y la oscuridad lo cubrió todo. Con la ayuda de una linterna bajamos rápidamente y fuimos a descansar al alojamiento llenos de paz. Perú lo tiene todo; selva, playa, montaña, desierto…y no deja de impresionarnos!

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