Fotorelato: En la duna de La Esperanza



Pensando en una duna fantaseamos con un lugar desértico y despoblado o con una playa virgen y aislada. Pero ni nuestra imaginación puede alcanzar los rincones que esconde la duna de La Esperanza. Una duna con cientos de hogares, calles formadas por arena y basura, chabolas y niños jugando con el polvo. Sin embargo, sus calles están siempre llenas de vida y de música, sus chabolas te acogen con hospitalidad y su gente sale adelante con vitalidad.

Pobreza y alegría.

Un lugar distinto, para bien y para mal, al que toda persona acomodada debería viajar para poder apreciar el verdadero valor de una sonrisa.

Solo podemos dar las gracias por todos los momentos y por toda la amabilidad que nos regalaron sus habitantes. Gracias por darnos la oportunidad de vivenciar su realidad con tanta sinceridad.





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