Despedida de Ollantaytambo, el último pueblo Inca

A veces hay lugares que, por alguna extraña razón, te hacen sentir una energía especial. Que estás en el sitio y en el momento perfecto para este época de tu vida. Hoy nos toca despedirnos de uno de estos lugares que nos acogió durante casi un mes. Toca decir adiós a Ollantaytambo y a toda la gente que conocimos en este místico lugar.

Ollantaytambo es una hermoso pueblo, situado en el valle sagrado, en la provincia de Urubamba y a 90 km de Cuzco. Es famoso por ser el último pueblo inca habitado y uno de los principales destinos del valle sagrado. Debido a sus situación, Ollanta es un punto de partida clave para aquellos turistas que van a Machu Picchu en tren. Por lo que la afluencia de la gente es diaria y masiva. Pero no es el único atractivo del lugar, ya que el pueblo esta rodeado de ruinas incas y montañas andinas.

macetero ollantay

La plaza central esta llena de restaurantes turísticos y “gringos”, pero a solo pocos metros, puedes observar y formar parte de la rutina cotidiana de los lugareños. Como siempre, el mercado fue un punto de referencia para nosotros. Allí desayunamos y comimos, acompañados de gente local casi todos los días. Fue muy bonito sentir como esas caras que, la primera semana, te miraban como un “gringo” más, con el paso de los días te saludaban y te hablaban como si fueses uno más del pueblo. Ollantaytambo es, sin duda, una zona muy especial y espiritual. Sus estrechas callejuelas de piedra tienen mucha vida y muchas historias que contar.

A poca distancia se puede visitar sitios muy interesante como las salineras de Moray, una explotación de sal activa, entre las montañas de los Andes, con una belleza extraordinaria.

trabajador en las salineras

O uno de nuestros lugares favoritos de la zona, la comunidad nativa de Patacancha. Nosotros, con la ayuda de un amigo Colombiano que trabaja aquí, pudimos contactar con una familia de la comunidad y pasar un lindo día con ellos en su casa. Los Yupanqui nos recibieron con calidez en su hogar y pasamos un día inolvidable. Se puede visitar la comunidad a través de la ONG awamaki y colaborar con un estilo de turismo alternativo, sostenible y vivencial. Y al mismo tiempo, apoyar el empoderamiento social y económico de las mujeres de la comunidad.

mujeres de Patacacha

“Tambo”, el segundo compuesto de Ollantaytambo, significa “lugar de descanso”. Y para nosotros Ollantaytambo fue exactamente un lugar de descanso, un sitio de parada larga, de no estar todo el rato con la mochila a la espalda. Intercambiamos nuestro trabajo por alojamiento y almuerzo en un acogedor café, el café del abuelo . Su dueña, Catty, nos trató como parte de la familia y nuestro compañero de trabajo, Nathan, nos trató como sus colegas desde el primer momento.

el cafe del abuelo

Conocimos mucha gente extranjera, ya “locales”, que se quedaron a vivir un tiempo en este pueblo. Nómadas, que decidieron, por la misma extraña razón que nosotros, pasar un ratito de vida aquí. Queremos agradecer a toda la gente que nos abrazó y que compartió con nosotros momentos y conversaciones geniales. Fue un placer conoceros!

La despedida se hace difícil. Al estar mucho tiempo en un sitio, uno conoce a gente con la que coge más confianza y apego, y decir adiós se hace más emocional. Pero nuestro camino es largo y hay que seguir. Recordaremos con mucho cariño nuestros amigos de aquí, y quien sabe donde nos volveremos a encontrar! El souvenir más valioso que uno se puede llevar de un lugar, son las memorias de los pequeños momentos que vivió y compartió en su estancia. Nuestros corazones se van llenos de souvenirs de nuestro Ollantay!

calle Ollantya

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