Amanecer en Bogotá

Nuestra aventura comienza. Ya llegamos a Bogotá! Este será el punto de partida de nuestro viaje, que nos llevará a cruzar siete países durante meses. Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay serán nuestro hogar, autobuses y conductores que nos recojan por el camino, nuestro medio de transporte y nuestras mochilas la única pertenencia.

Bogotá nos acoge con los brazos abiertos y, tras veinticuatro horas de viaje desde el frío invierno gallego, rápidamente sentimos que estamos en otro mundo.

Fuera de estereotipos, la capital colombiana nos pareció un lugar seguro y acogedor. La imagen de una gran ciudad mezclada con imponentes montañas verdes y salvajes nos sobrecoje en cada esquina que cruzamos.

Nuestro lugar favorito de la ciudad fue la zona de la Candelaria.

la candelaria

En pleno centro de Bogotá, es un barrio alegre, colorido, con mucha vida y encanto. Nos perdimos entre sus callejuelas, sus fachadas plagadas de arte urbano, saboreamos un tamal y, para descansar de las altas temperaturas, visitamos el mueso de Botero. Un espacio, de acceso gratuito, que cuenta con obras propias de Botero y también con una amplia colección de creaciones de artistas internacionales como Dalí, Picasso….

museo botero

Otro sitio que nos encantó fue la plaza de los periodistas, lugar mítico de protestas estudiantiles y represión, que hoy en día es un sitio tranquilo, con bancos y arboles para conversar a la sombra. A lado de esta plaza se encuentra el monumento “La Pola”, dedicado a la joven Policarpa Salavarrieta, figura feminista, gran heroína de la independencia de Colombia, que fue ejecutada con solamente 21 años de edad.

La Pola

Nos quedamos en la casa de Carlos, un percero de hace años que tuvimos la oportunidad de volver a ver. Nos acogió en la casa de su familia y nos ayudó a movernos por ahí. Su familia nos cuidó y nos trató como a sus hijos. Además, nos engordó un poquito con sus ricas comidas! Toda la gente, en general, con la que nos hemos cruzado ha sido cercana, agradable y muy preocupada por nosotros. “Si les paran, no den papaya”, es una expresión que nos decían muchas veces y nos hacía gracia. Significa no pararse a hablar con personas que te paran por la calle. Pero en realidad, no vivimos ninguna situación extraña que nos hiciera estar en alerta. Todos los “rolos”, nombre que reciben los habitantes de Bogotá, fueron amables, abiertos con nosotros y dispuestos a ayudarnos en todo momento.

Pese a que las grandes urbes no son destino prioritario en nuestro viaje, Bogotá fue sin duda un lugar perfecto para romper mitos y estereotipos, e iniciar nuestro camino con la mente abierta y cargados de energía positiva.

plaza Bolivar

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